Animal Farm de George Orwell

CA 11 George Orwell y la Trastienda de “Animal Farm”

Este año se cumplirá el 76 aniversario de la publicación en 1945 de esta célebre fábula que le dio a Orwell, junto a otros títulos notables como “1984”, fama mundial como uno de los mayores escritores del siglo XX. Mucho se ha escrito sobre Orwell y en particular sobre “Animal Farm”, que en español se conoce como “La Granja Animal” o “Rebelión en la Granja”, sobre cómo una historia animal sirve de manera magistral para desarrollar una feroz crítica política a un sistema dictatorial y totalitario encarnado en la que fue una de las dos mayores potencias del siglo XX, la Unión Soviética. En una escala más modesta en el programa de hoy sólo vamos a revisar algunas circunstancias que rodearon la redacción y publicación de “Animal Farm”, de modo que tengamos más elementos para entender a su autor y el origen de la obra. Hay mucha bibliografía disponible sobre este tema en lo que sigue me basé principalmente en la biografía de George Orwell de Bernard Crick y que se titula simplemente “George Orwell. A Life” (Penguin Books, 675 páginas, edición de 1992).

Ubiquémonos en el tiempo; fines de noviembre de 1943, estamos en Inglaterra en medio de la Segunda Guerra Mundial, pero ya están atrás El Alamein, Stalingrado y la invasión aliada en Italia, y ya se comienza a ver que la guerra está girando en contra de los nazis y a favor de los aliados; de hecho, ya falta casi un año y medio para el fin del conflicto. Por esos días Eric Blair comenzó a trabajar como editor literario del “Tribune”, una publicación de izquierda vinculada con el partido Laborista. Por cierto, Eric Blair era ya un escritor que contaba con varios libros publicados y muchos lo conocían mejor por su seudónimo de George Orwell (1903-1950), así que en adelante vamos a hablar indistintamente de Eric Blair o de George Orwell y ya sabes que nos referimos a la misma persona. Por cierto, un dato curioso relacionado con esto de los nombres. Ocurre que a nuestro autor no le gustaba su nombre, en particular no le gustaba el nombre Eric, así que lo de usar un seudónimo parece que le vino muy bien. Trabajar como editor para el Tribune no era económicamente atractivo para Blair: le daba un sueldo de unas £ 500 anuales, menos de lo que pagaba la BBC y a veces incluso se atrasaba el sueldo del mes, pero por contrapartida sólo tenía que asomarse por las oficinas unas tres veces por semana, lo que le dejaba el resto del tiempo libre para sus asuntos y sobre todo para escribir. Y este es un detalle muy importante porque fue precisamente por esos días que Eric Blair comenzó a redactar “Animal Farm”; bueno, en realidad, fue durante ese tiempo como editor del Tribune que Blair concibió dos de sus obras más emblemáticas, Animal Farm y 1984.

Con respecto al Tribune, era una publicación de izquierda, pero para ser más claros el Tribune representaba a la oposición de izquierda no comunista y no marxista. Pero quizás sea mejor dejar que el propio Blair nos explique qué es el Tribune en una columna que publicó en 1947 y en la que nos cuenta que es “el único semanario existente que hace un genuino esfuerzo por ser tanto progresista y humano – esto es, que combina una política socialista radical con un respeto por la libertad de expresión y una actitud civilizada hacia la literatura y las artes”. Ahora bien, en la política de la época el Tribune podía ser muy crítico de los comunistas y eso cuadraba muy bien con Blair, que se identificaba personalmente como socialista y cuyo ideal político fue el socialismo democrático o lo que hoy identificamos como socialdemocracia. Para entender esto habrá que recordar que Blair se enroló como brigadista y luchó en las filas de los republicanos en contra de los nacionalistas de Franco en la guerra civil española. Pero esa misma experiencia le abrió los ojos con respecto a la manera de actuar de los comunistas y en particular de la influencia soviética. La experiencia española afectó la postura de izquierda de Orwell: por un lado lo alejó del comunismo y por otro le hizo simpatizar con el fuerte movimiento anarquista español.

En el Tribune Orwell redactaba la columna “As I Please” – como me place – en la que mezclaba por lo general crítica literaria y política como si fuera una misma cosa, a tal punto que hasta los mismos editores del Tribune no supieran dónde ubicar esta columna, si en la sección literaria o política. Era una mixtura o confusión, según como quiera verse, que atraía por igual tanto apoyos como críticas. Los comunistas en particular solían ser los mayores críticos de Orwell porque la columna por lo común publicaba ácidos ataques al partido comunista soviético. Para sus colegas del Tribune lo de Orwell era un caso extraño: por un lado un hombre extremadamente afable y encantador, y por otro un crítico literario mordaz y de temer. Así que sus colegas aprendieron que frente a los reclamos de los lectores de extrema izquierda, como los comunistas, era mejor no intervenir porque tratar de influir sobre Orwell sólo llevaría a un resultado aún peor, que aumentara sus columnas denunciando lo que él veía como la mala  influencia soviética. Todo esto resulta muy interesante si recordamos lo dicho antes: que durante este tiempo en el Tribune Orwell concibió sus dos grandes obras finales, Animal Farm y 1984, obras cuyo motivo central gira en torno al peligro del totalitarismo. Uno podría pensar que esto estaría muy acorde a los tiempos porque precisamente por esos años estaba en pleno desarrollo la guerra contra el Eje, es decir, contras las potencias fascistas. Sin embargo, hay que entender que los ataques literarios de Orwell contra el totalitarismo, si bien comprendían al régimen nazi, en esos momentos en que la guerra parecía a favor de los aliados tenían más bien en la mira a la Unión Soviética y al sistema soviético. Por eso es tan importante este periodo de los mensajes anti soviéticos en la columna “As I Pleased” del Tribune, justamente cuando Orwell está redactando en sus días libres Animal Farm. Así que, tanto en público como en privado Orwell tiene una misma preocupación en mente: la denuncia del totalitarismo, en especial del sistema soviético.

Ya veremos más adelante cómo este alegato anti soviético le va a pasar la cuenta a su autor cuando una vez terminada su redacción quiera publicar Animal Farm, y es que criticar a la Unión Soviética en momentos en que británicos y soviéticos eran aliados en la guerra resultó ser una juego arriesgado para Orwell. No es que el gobierno británico fuera un fan de la URSS, pero luego de que Hitler invadiera la URSS incluso Churchill había afirmado que estaba dispuesto a aliarse con el diablo si fuera necesario con tal de derrotar a los nazis. Agreguemos a esto un detalle simbólico de toda esta cuestión. Entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943 tuvo lugar la Conferencia de Teherán, la primera de una serie de reuniones de los Tres Grandes: Churchill, Roosevelt y Stalin. Fue por cierto la primera vez que se encontraron el Primer Ministro británico y el dictador soviético. Precisamente en los mismos días en que ambos gobiernos estrechaban lazos diplomáticos, políticos y militares, en Londres George Orwell empezaba a escribir su famosa fábula de los animales en la que va a subir su apuesta en un feroz ataque contra el régimen de Moscú.

Toda la secuencia parece bastante irónica ¿verdad? Y lo es porque este hecho marcó un punto de inflexión para Orwell porque él veía las cosas de otra manera: Stalin era otro demonio igual de infernal que Hitler, dictadores despreciables a los que había que denunciar. El problema es que a medida que avanza la guerra y se estrecha la colaboración entre los aliados para combatir al III Reich, en Gran Bretaña se le baja el perfil a cualquier acción que implicara una crítica al régimen soviético. Entre paréntesis recordemos que la guerra se ganó en el frente oriental, fue realmente en el frente ruso donde la Wehrmacht fue destruida como maquinaria bélica, a un costo humano y material sobrecogedor. Los británicos estaban muy conscientes de todo esto, sabían de la sangría soviética y por lo mismo querían evitarse cualquier situación que pudiera despertar las sospechas del tío Joe, el siempre suspicaz Stalin. Entre paréntesis las sospechas de Stalin contra Gran Bretaña tenían una base concreta: en 1918, al año siguiente de la revolución de octubre, Churchill alentó la formación de una alianza de más de 10 países que intervinieron militarmente en Rusia para derrotar al régimen de Lenin, algo que Stalin nunca olvidó. Así que ya te puedes ir haciendo una idea que la atmósfera política en Londres no era precisamente favorable a cualquier escrito que criticara o mucho menos denostara al régimen soviético.

Uno podría pensar que la política es así y que a veces, como nos lo recuerdan a diario los políticos de hoy en día, a veces hay que tragarse algunos sapos, así son las cosas. Después de todo, transar con Moscú parecía razonable si el objetivo final era derrotar a la Alemania nazi. Pero como anunciamos antes aquí volvemos al carácter de nuestro autor y a su particular visión de la libertad humana. Ya vimos que Orwell se identificaba con una suerte de socialismo democrático y con que tal cosa era posible en el Reino Unido. En respuesta a una carta de un lector de su columna en el Tribune Orwell afirma creer “muy profundamente, como lo explico en mi libro El León y el Unicornio, en el pueblo inglés y en su capacidad para centralizar la economía sin destruir la libertad al hacerlo”. Revelador ¿verdad? Para George Orwell una economía centralizada en un país de libertades democráticas era un sueño perfectamente posible en Gran Bretaña porque confiaba en la capacidad del pueblo inglés para sostener un sistema así. De modo que no era la economía centralizada lo que alejaba a Orwell del sistema soviético, sino la persecución de Moscú contra los opositores políticas, en suma, la ausencia de libertad política y de expresión en la Unión Soviética, eso era lo que irritaba a Orwell y lo que le parecía una alianza impresentable hecha por el gobierno inglés con el dictador soviético que ahora era un “amigo”.

En fin, volvamos a Animal Farm. Como vimos Orwell comenzó a redactar el texto a fines de noviembre de 1943 casi al mismo tiempo que comienza a trabajar para el Tribune y lo termina en febrero de 1944, es decir, sólo le tomó unos tres meses. Orwell quedó muy satisfecho con el texto final como lo comprueba la siguiente cita:

“Animal Farm fue el primer libro en el cual traté, con plena consciencia de lo que estaba haciendo, de fusionar el propósito político y el propósito artístico en un todo”. 

Carta personal

Como ves comprueba lo que apuntamos antes en cuanto a que para nuestro autor política y literatura eran una misma cosa. En todo caso Orwell estaba consciente de que sería difícil de publicar como le contó a un amigo en una carta que escribió por esos días. Él sabía o intuía correctamente que dado por un lado el tenor de la obra y por otro la atmósfera política en Londres a la que aludimos antes, era muy probable que las editoriales no estuvieran dispuestas a publicar un libro como Animal Farm. En un prefacio que redactó para una edición ucraniana de 1947 explica el propósito y los orígenes de la obra:

“… en los últimos diez años he estado convencido de que la destrucción del mito soviético es esencial si deseamos un revivir del movimiento socialista. Desde mi retorno de España pensé en exponer el mito soviético en una historia que fuera de fácil comprensión para casi cualquiera y que pudiera traducirse fácilmente a otros idiomas. Sin embargo, los detalles concretos de la historia no vinieron a mí por un tiempo hasta un día (entonces estaba viviendo en una pequeña villa). Vi a un pequeño niño, tal vez de unos diez años, conduciendo un gran carro tirado por caballos a lo largo de una estrecha vía que los azotaba cada vez que se desviaban. Reflexioné que si sólo esos animales fueran conscientes de su fuerza no tendríamos ningún poder sobre ellos y que los hombres explotan a los animales de la misma forma que los ricos explotan al proletariado”.

Carta personal

Luego Orwell agrega “procedí a analizar la teoría de Marx desde el punto de vista de los animales”. Así que los animales van a jugar el papel del proletariado en la clásica teoría marxista, una imagen de los explotados. Quizás el término proletariado nos suene al siglo XIX pero retenía su fuerza retórica en la primera mitad del siglo XX. Lo interesante de estas palabras es que nos enteramos cómo fue que surge la idea de usar a los animales – el incidente del niño y la carreta – y que la idea de redactar este tipo de crítica al sistema soviético le estuvo dando vueltas en la cabeza durante unos seis años – desde la Guerra Civil Española, el conflicto que comentamos antes y del que Eric Blair emergió como un convencido socialista y anti comunista.  

Como vimos antes, Orwell comenzó a redactar Animal Farm justo por esos días en que muy lejos, en Teherán, se reunían Churchill, Roosevelt y Stalin. De hecho, esta reunión de los tres líderes aliados se ve reflejada en una escena casi al final de la obra, una escena en la que Pilkington, un vecino de la granja animal, se reúne a cenar junto a los cerdos que la lideran, brindando por la futura concordia entre humanos y animales. No es difícil leer a Pilkington como los aliados occidentales que se reúnen con los soviéticos – los cerdos – para celebrar su futura amistad. Quizás para entender mejor esta correspondencia entre personajes de la vida real y los animales en la fábula sería bueno hacer un repaso breve para entender quién es quién. Mr Jones, el dueño original de Animal Farm, era un hombre incompetente para ejercer su función, lo que podría pasar por el Zar Nicolás II; en la fábula los animales se rebelan contra Jones y lo expulsan, en la vida real la Revolución Rusa derribó el gobierno del Zar y después los bolcheviques asesinaron a toda la familia imperial. El Viejo Mayor, el cerdo anciano que enseña a los animales el Animalismo y que muere antes de la rebelión animal representa a Karl Marx, el fundador del marxismo y que también murió antes de la revolución rusa. En cuanto al Animalismo, es la doctrina según la cual todos los animales son iguales, entre ellos no debe haber ricos ni pobres y además que los animales deben unirse para luchar contra los humanos; pero con el paso del tiempo la doctrina original del Animalismo se va corrompiendo hasta el punto en el que Orwell agrega esa famosa frase “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”. El Animalismo corresponde aquí al marxismo, con su proclama de que todos los trabajadores son iguales, que no debe haber ricos y que los trabajadores deben unirse para enfrentar a la burguesía y al capital. La rebelión de los animales es organizada por los cerdos, que como ya adelantamos representan a los bolcheviques, los comunistas. Y entre estos cerdos destacan dos líderes de la revuelta, Napoleón y Snowball o Bola de Nieve. En el transcurso de la narración Napoleón logra aislar a Bola de Nieve y finalmente lo expulsa de la granja acusándolo de “contra revolucionario”. La elección del nombre de este cerdo ambicioso, Napoleón, ya nos da una clara idea del carácter dictatorial y autoritario de quien va a capturar el poder total después de la rebelión que expulsa a los humanos de la granja. Si bien Orwell se sirve aquí de la imagen del emperador francés, está claro que a quien tiene en vista es un dictador de su propia época, Josef Stalin. Tampoco se requiere mucho análisis para adivinar que así como Napoleón simboliza a Stalin Bola de Nieve a Trostsky, el brazo derecho de Lenin a quien Stalin persiguió, lo expulsó de la URSS y finalmente ordenó asesinar en México. En cuanto a los perros que Napoleón crio a escondidas, que sólo le obedecen a él y que después los va a usar para atemorizar y someter a los animales, bueno, corresponden a la KGB o la NKVD, la temible policía secreta soviética que eliminó a los opositores del régimen. Incluso otro vecino, Frederick, el dueño de la granja vecina Pinchfield, un tipo duro y agresivo, nos suena a Adolf Hitler, ni más ni menos. En fin, que podríamos seguir con las correspondencias entre los personajes de la obra y la realidad que se vivía en la Europa del momento, pero supongo que este apretado resumen habrá dejado esto bien en claro ¿verdad? Por lo demás, como habrás notado antes, ya los primeros lectores del manuscrito de Orwell captaron inmediatamente qué tenía en la mira el escritor al presentar a estos personajes animales.

Ahora bien, la elección de los cerdos como los malos de esta historia no deja de ser llamativa habida cuenta que en los cuentos infantiles – por poner un ejemplo – los cerdos aparecen por lo general como animales amigables; el cuento de los tres chanchitos es el ejemplo por antonomasia. Sin embargo, con el desarrollo de la agricultura industrial a fines del siglo XIX las cosas iban a cambiar bastante respecto de la significación que se daba a los animales en ese ambiente del campo convertido en una factoría industrial. Y en esa perspectiva el simbolismo de los cerdos también iba a seguir derroteros muy sorprendentes, dentro de los cuales cabe situar precisamente a Animal Farm. Como sabes, el siglo XX vio el ascenso fulgurante de los totalitarismos de izquierdas y derechas, representados por sus extremos fascista y comunista. Claro representante del primero es la Alemania nazi y del segundo la Rusia soviética, la URSS. Solemos pensar que este mundo rarificado por tales ideologías extremas sólo o principalmente afectó a los seres humanos, pero el impacto sobre los animales no fue menor, porque los animales también fueron absorbidos dentro de este campo de batalla totalitario. Para el caso de los animales silvestres o medianamente domesticados, puedes revisar el episodio 2 del podcast, donde empezamos a hablar sobre la ecología nazi. Pero este episodio nos brinda una nueva oportunidad para repasar cómo esta situación se extiende también a los animales domésticos, en el caso que nos ocupa ahora para hablar de los cerdos. Como el tema da para mucho y seguramente de los cerdos hablaremos más en futuros programas, aquí sólo de pasada mencionamos dos textos que ya desde sus títulos nos indican lo interesante y polémico del tema. Por un lado, está “Fascists Pigs” de Tiago Saraiva y por otro “Communist Pigs” de Thomas Fleischman. Es decir, de los “cerdos fascistas”, pasamos a los “cerdos comunistas”. En ambos libros se investiga el papel real y simbólico que tuvieron estos inteligentes animales bajo regímenes totalitarios. Quizás podemos resumir un poco en un hilo común que ambos autores plantean a propósito de la conexión alemana con los cerdos. Para Richard Walter Darré, por ejemplo, el Ministro de Agricultura y Alimentos de Hitler entre 1933 y 1943, los cerdos eran esenciales para definir el carácter alemán, de modo que Darré puso mucho énfasis en la crianza de cerdos y la producción nacional. Aunque su jefe, el Führer, era vegetariano, Darré estimuló la carne de cerdo como un componente fundamental de la dieta alemana. No hay que ser muy inteligente para notar en esta exaltación de los cerdos una veta más del antisemitismo nazi: para los judíos el cerdo era un animal proscrito y por tanto su carne no se consumía. Así que los cerdos marcan otro contrapunto entre la raza aria y los hebreos. Tras la caída del régimen nazi los cerdos volverían a jugar nuevamente un papel de interés “geopolítico”, al menos en la Alemania Oriental, tal como nos lo cuenta Thomas Fleischman en “Comunist Pigs”, donde los sueños de autarquía económica y alimentaria en lo referido a los cerdos terminó por generar un grave problema ecológico para el país. Esta fugaz mención al papel que desempeñaron los cerdos en el discurso político, cultural y económico de Alemania durante el siglo XX, podría ayudarnos a entender lo que decíamos antes en el sentido de que la aureola bonachona que rodeaba a los cerditos de los cuentos infantiles hasta el siglo XIX cambió bruscamente en el ambiente tecnocientífico e industrial del siglo XX.


El uso de la agricultura como parte de la cultura nazi es algo de lo que explica el libro de Tiago Saraiva.

En fin, luego de esta breve digresión, volvamos a nuestro tema central, a Eric Blair, George Orwell y Animal Farm. A principios de 1944 el texto ya estaba terminado y en marzo Orwell le envió una copia a quien era por entonces el editor con quien tenía contrato: Victor Gollancz (1893-1967), editor de ascendencia judía germano-polaca. Gollancz era un hombre de muchos contactos y que se definía a sí mismo como “social cristiano”; en los hechos era de tendencias socialistas y después de la guerra española comenzó a tener crecientes desavenencias con Orwell a propósito de las recurrentes críticas anti soviéticas y anti comunistas en los textos de Orwell. Las frías relaciones entre Gollancz y Orwell de seguro ayudaron a que el editor rehusara imprimir el libro, como lo explicó en una carta enviada a un agente el 4 de abril de 1944:

“Soy muy crítico de munchos aspectos de la política interna y externa soviética; pero no podría publicar (como Orwell anticipó) un ataque general de esta naturaleza”.

Victor_Gollancz

Este rechazo de Gollancz a publicar Animal Farm sería el primero de varios que debió enfrentar Orwell cuando quiso poner su nuevo libro al alcance del público. Hay que decir que Orwell tenía muy claro la causa de los problemas que enfrentaba: en el caso de Gollancz por la mala relación que había entre ambos, y en los demás editoriales… por la presión de las autoridades. Sí, Orwell intuyó correctamente que la principal dificultad que enfrentaría sería la censura de su propio gobierno para que saliera a la venta un libro que denigraba al régimen soviético. Jonathan Cape, uno que consideró imprimirlo, pero finalmente desistió, lo comenta en los siguientes términos en una carta del 19 de junio de 1944 (página 455):

“Mencioné la reacción que ha habido de un importante oficial en el Ministerio de Información con respecto a Animal Farm. Debo confesar que esta expresión me ha dado que pensar seriamente. Mi lectura del manuscrito me dio bastante satisfacción y disfrute personal, pero puedo ver ahora que podría considerarse como algo que es altamente poco recomendable de publicar al momento actual. Si la fábula se dirigiera a dictadores y dictaduras en general, entonces la publicación sería correcta, pero la fábula sigue de hecho, como lo veo ahora, tan directamente el progreso y desarrollo de los soviéticos rusos y sus dos dictadores, que puede aplicar sólo a Rusia, excluyendo a otras dictaduras. Ora cosa: sería menos ofensivo si la casta predominante en la fábula no fueran los cerdos. Creo que la elección de los cerdos como la casta dominante sin duda que ofenderá a muchas personas y en particular a cualquier que sea un poco susceptible, como indudablemente lo son los rusos… Creo que es mejor enviarte de regreso el manuscrito de Animal Farm y dejar que el asunto descanse en el escritorio hasta donde a nosotros compete”.

Jobathan Cape, 1944.

Cuando Orwell leyó una copia de esta carta de Cape, en la parte en la que sugiere cambiar a los cerdos por otro animal, escribió la margen: “balls”; en castellano, “las pelotas”. ¡No tenía ninguna intención de cambiar a los cerdos por otros animales!

En medio de su desilusión al comprobar sus temores de que nadie quisiera publicar Animal Farm, decidió intentarlo con la editorial Faber and Faber, cuyo director era nada menos que… T.S. Elliot (1888-1965), el célebre escritor, poeta, dramaturgo y crítico anglo norteamericano. En la carta que le envió Orwell el 28 de junio de 1944, en el último párrafo, agregó un comentario que es muy revelador de su estado mental sobre este asunto:

“Si lee el manuscrito por sí mismo verá que su significado no es uno aceptable en este momento, pero no puedo aceptar hacer ninguna alteración excepto una pequeña al final que pretendo hacer de todas formas. Cape o el MOI, no estoy seguro cuál a partir de la escritura de su carta, hizo la imbécil sugerencia de que algún otro animal aparte de los cerdos pudiera representar a los bolcheviques. Por supuesto no podría hacer ningún cambio de este talante”.

Carta de Orwell a T. S. Elliot.

El MOI es aquí el Minister of Information, el Ministerio de Información británico, que, si bien no censuraba de manera oficial ninguna obra, sí “aconsejaba” a las editoriales publicar o no publicar un determinado libro; de facto, era una censura informal, una censura que Orwell entendió – correctamente – era la principal causa de que los editores no quisieran publicar Animal Farm.

Elliot respondió un par de semanas más tarde, el 13 de julio a través de una extensa carta en la que reconoce el mérito de la obra de Orwell, por momentos compara su talento con el reconocido escritor satírico inglés Jonathan Swift – todo un cumplido – para terminar informándole que los dueños de la editorial decidieron no publicar Animal Farm puesto que no se ajustaba al tipo de público que ellos atendían. Crick, el biógrafo de Orwell al que aludimos al principio, afirma que Orwell nunca le reprochó a Elliot esta decisión y que siguieron manteniendo buenas y respetuosas relaciones en los años siguientes. Poco tiempo después, en 1948 Elliot ganó el Premio Nobel de Literatura.

Orwell incluso mandó el manuscrito a una editorial estadounidense, Dial Press, la que lo devolvió con una nota en la que decía que “es imposible vender historias de animales en USA”. Otra vez, Orwell entendió que detrás de este rechazo estaría la acción del Ministerio de Información británico que querría impedir a toda costa que Animal Farm viera la luz.

Por fin, Orwell logró que Fred Warburg tomara la decisión de publicarlo a fines de julio, no sin que antes el mismo Warburg cavilara sobre si publicar o no. Pero la paciencia de Orwell todavía tendría que ponerse a prueba un largo tiempo más, porque el libro no saldría de imprenta sino ¡un año más tarde, en agosto de 1945 y cuando la guerra ya estaba casi terminada! Era un tiempo demasiado largo para una obra más bien corta y que se escribió en unos pocos meses, pero Warburg se defendió apelando a la escasez de papel disponible para el trabajo de las editoriales. Como sea, así comenzó el recorrido de Animal Farm por las librerías, una obra que con el tiempo se transformaría en una de las más exitosas de George Orwell y que hasta nuestros días le daría fama mundial.

Como ves, los animales jugaron aquí un papel fundamental para ilustrar una crítica muy ingeniosa y original a uno de los regímenes totalitarios más potentes del siglo XX. Animal Farm y 1984 estuvieron en la lista negra de las obras prohibidas en la URSS – era que no –  y cuya posesión era una ofensa criminal, lista en la que también estaban otras obras famosas como Doctor Zhivago (de Boris Pasternak, otro ganador del Premio Nobel, Nobel que por cierto los soviéticos le impidieron recibir). Y hablando de la URSS, las dos novelas de Orwell se publicaron en Rusia sólo con el advenimiento de la perestroika de Gorbachov; Animal Farm apareció en una revista de Riga de pequeña circulación llamada Rodnik en 1988 y poco después a comienzos de 1989 en la popular revista Novyi mir (Nuevo Mundo), curiosamente la misma revista que ese año publicó también “Archipiélago Gulag” de Aleksandr Solzhenitsyn.

Bien, pues, así terminamos este breve resumen sobre cómo se gestó, cómo surgió la historia de Animal Farm, una de las obras cumbres de George Orwell, y las dificultades que enfrentó el autor para poder publicar su obra, así como el significado que adquieren los animales en el revuelto panorama político y social del siglo XX, cómo los animales pasan a simbolizar procesos ideológicos e hitos históricos que nos ayudan a los seres humanos a colocar puntos de referencia, guías para entender los conflictos que enfrentamos.

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