AQ 17 Turberas de Chile, con Carolina Rodríguez y Marvin Gabriel

Estamos en septiembre de 2021 y este es el episodio 17 del podcast, “Turberas de Chile, con Carolina Rodríguez y Marvin Gabriel”. Carolina Rodríguez y Marvin Gabriel son los fundadores de “Mires of Chile”, un proyecto que busca educar sobre los ecosistemas conocidos como turberas, su conservación y restauración. Mires of Chile empieza el año 2015 cuando esta pareja de investigadores y científicos regresa a Chile luego de una etapa académica en Alemania, si bien su inicio oficial es en 2016. Como lo explicarán ellos a continuación, hay turberas en distintas partes de Chile, pero este proyecto está enfocado sobre todo en las turberas del sur del país. Su trabajo es triple, tiene que ver con educación, conservación y renaturización, lo que en inglés se conoce como “rewild”, asilvestrar o volver a hacer silvestre o revertir el proceso de domesticación.

El tema de las turberas en particular es sumamente interesante, porque tiene que ver directamente con el agua y el carbono, dos temas de gran importancia hoy en día. Si a esto sumamos el casi total desconocimiento que tiene la población o el público en general con respecto a qué es una turbera o qué es la turba queda claro la importancia de escuchar a los expertos en el tema. Dado que nuestros invitados de hoy están en Alemania y a las dificultades para coordinar un horario para conversar, finalmente acordamos que ellos grabaran una charla sobre este tema y que ahora compartimos a través del podcast. Además, en estos días en que se graba este programa se discute en el congreso una ley de proteción de las turberas, una ley largamente esperada por una gran comunidad de personas e instituciones. Por último, agradezco también la gentileza y la generosidad con que Carolina y Marvin acogieron esta solicitud y apartaron un tiempo para contarnos qué es esto de las turberas y por qué esa ley es tan importante.

Ahora bien, ¿qué son las turberas? Las turberas son un tipo de humedal, un ecosistema. Como los humedales, son ecosistemas presentes donde hay mucha agua y habitados por plantas adaptadas a la saturación del suelo, es decir, adaptadas a suelos con mucha humedad, lo que en la práctica significa que son terrenos donde el agua llega casi hasta la superficie o la superficie misma. Las turberas son ecosistemas porque albergan la vida, porque constituyen un equilibrio entre los elementos del ecosistema y el suelo y porque proveen funciones muy importantes para la manifestación de la vida. Son asimismo ecosistemas muy débiles.

En Chile las turberas se ubican principalmente en el sur, desde la Araucanía hacia la Patagonia y la mayor superficie se concentra en las regiones de Aysén y Magallanes. Las turberas empiezan a formarse después de la última glaciación, después que retroceden los glaciares, cuando el exceso de agua procedente de los glaciares y las lluvias no puede ser absorbido por el suelo. Las plantas que constituyen las turberas se instalan en estos suelos saturados de agua. Un detalle importante en este ambiente es que los restos de las plantas que normalmente se mineralizan por acción de microorganismos, por ejemplo en un bosque, aquí se acumulan porque hay menos organismos capaces de descomponer esos restos vegetales. Precisamente el alto nivel de agua (en una muestra de turba el 90% en peso es agua) va unido a una menor disponibilidad de oxigeno y los microorganismos que funcionan bajo esas condiciones son más lentos y menos numerosos, lo cual incide en una menor capacidad de descomposición de la materia vegetal. De esta manera se forma un suelo constituido por restos de plantas que se va acumulando año tras año, la turba, un sustrato que va creciendo a un ritmo de casi 1 milímetro por año; este es el promedio mundial, aunque en Chile es menor, en Aysén es de 0,5 mm/año. Como apunta Marvin una turbera de 1 m de profundidad tendrá una antigüedad de mil años. Así nace la turbera, “un tipo de humedal – como dice Carolina – que se forma gracias a la acumulación de materia orgánica semi descompuesta en los suelos sobre los cuales logran crecer las plantas adaptadas a esas condiciones”. Así, pues, no cualquier planta puede crecer en una turbera. Otro aspecto muy importante de las turberas, nos advierte Marvin, es que con los restos de las plantas se acumula también carbono, detalle fundamental como veremos más adelante.

Las plantas que crecen en las turberas tienen mecanismos físicos específicos para vivir ahí, especies como las Aerénquimas y los musgos. Las Aerénquimas son plantas “que tienen pequeñas cavidades en su tallo capaces de conducir oxígeno hacia las raíces en casos en que el suelo esté saturado”, como las juncáceas. Los musgos por su parte carecen de raíces y se caracterizan por su capacidad para habitar ambientes muy hostiles, como los que se formaron después de la última glaciación. El Sphagnum es un género de musgos que comprende entre 150 y 350 especies, se le conoce comúnmente como musgos de turbera y tiene precisamente la capacidad de almacenar mucha agua en sus células. Se distribuyen tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur, en este último caso en Nueva Zelandia, Chile y Argentina. En Chile es muy común el Sphagnum magellanicum, que se encuentra en las estribaciones de los Andes y desde la Araucanía hacia el sur, conocido también como pompón.

En el norte del país están los bofedales, turberas que se forman en torno a los cursos de agua. También en sectores de la cordillera andina donde hay vertientes, incluso en la zona central cercana a Santiago, se encuentran turberas, aunque en menor extensión, como en la laguna Piuquenes (sobre los 3.500 m de altitud), que tiene una zona de formación de turba; lo mismo en Corral Quemado, en el valle del Maipo hacia la cordillera, a unos 28 km de la capital. Estas turberas de los Andes centrales son turberas de escorrentía, más pequeñas y acotadas en extensión que las enormes superficies que cubren las turberas del sur del país, con otro tipo de vegetación. Esto nos recuerda que las turberas se encuentran en todo el planeta, no sólo en las regiones de latitudes extremas: hay turberas en los trópicos, por ejemplo, y en general allí donde el agua fluya lentamente y permita a las plantas decaer en forma de materia vegetal semi descompuesta. Como las turberas en general nacen de humedales, hay muchos humedales que en algún momento se convirtieron en turberas o que podrían hacerlo.

Las turberas del norte, en la zona altiplánica, enfrentan problemas asociados a la explotación minera, debido a que estas empresas compiten por los recursos hídricos con las comunidades allí asentadas. Esta explica en parte por qué la mayoría de las turberas de Chile que están protegidas por la convención Ramsar son precisamente las del norte, pero en el sur también las turberas están bajo presión debido a dos actividades muy dañinas para su existencia: la minería de la turba y la cosecha del musgo pompón. La minería de la turba destruye el ecosistema al sustraer la base del mismo, la turba, con lo cual muere el ecosistema. Esta situación se explica en parte porque en la legislación chilena la turbera no está considerada como un ecosistema en sí mismo sino como tres sistemas aparte: la vegetación sobre el suelo, la turba o materia orgánica bajo el suelo semi descompuesta y el agua. Esto explica, por ejemplo, que el SERNAGEOMIN sea el organismo público a cargo del control de la turba pero no de los otros elementos, cuestión que en opinión de Carolina Rodríguez es un error porque la turba no es un metal y es materia orgánica de formación relativamente reciente en términos geológicos. En cuanto a la cosecha del musgo pompón o Sphagnum magellanicum, que mencionamos antes, se trata de su extracción en la zona sur del país para abastecer como insumo a la industria hortícola y la industria de las flores, sectores en los que este musgo es muy apreciado como sustrato para plantar semillas que requieren condiciones muy precisas que proporciona este musgo. Como dijimos antes este musgo tiene una gran capacidad de retención de agua (lo que lo convierte en una esponja natural) y también la capacidad de acidificar el suelo en que se encuentra. Precisamente estas dos propiedades son las que lo hacen tan cotizado en las industrias mencionadas, impulsando su extracción en el sur de Chile. Aunque muy lejos de los grandes productores mundiales de turba, en Chile la exportación del recurso ha crecido en las últimas dos décadas y en 2019 totalizaba US$ 21 millones FOB, convirtiéndose en el principal producto forestal no maderero (PFNM) destinado mayormente a mercados asiáticos (Taiwan, China y Japón), donde hay una mayor demanda de alimentos y de flores, en parte debido a la expansión urbana e industrial a expensas de los suelos agrícolas y en parte debido a que sus poblaciones acceden en la actualidad a un nivel de consumo antes inexistente o inalcanzable. El problema que esto genera es que al extraer el musgo se elimina la fuente de acumulación de turba y una fuente de agua fundamental. Pero además al sacar el musgo la capa de suelo queda expuesta a la luz y al oxígeno y al riesgo consiguiente de mineralizarse, lo que lleva a la muerte del ecosistema. Como esta extracción es intensiva y se realiza sobre grandes superficies, la amenaza por la pérdida de las turberas es de gran escala. Según Carolina las medidas legales para controlar este proceso no son adecuadas, como el Decreto Supremo 25 del 2018 no ha sido capaz de controlar los métodos de cosecha ni la hidrología de estos ecosistemas. En particular el método de drenar las turberas para extraer el pompón, drenaje que expone la turba al aire (aireación) y la seca, genera además otro problema adicional, la liberación del carbono almacenado en la turbera. Como nos explica Marvin las turberas extraen el dióxido de carbono de la atmósfera y lo acumulan en el suelo como carbono, convirtiéndose en grandes sumideros de carbono. Pero al ser drenadas las turberas liberan el carbono nuevamente en forma de dióxido de carbono, contribuyendo así a incrementar el impacto climático.

En la actualidad Carolina y Marvin impulsan desde Alemania el apoyo a la investigación de científicos locales sobre esta materia, así como el proyecto de Ley de Protección de Turberas que se discute por estos días en el Congreso, junto con representantes de Aysén y Chiloé (en su página está disponible un mensaje del doctor Hans Joosten de Alemania referido a esta legislación). Mirado retrospectivamente les cabe la satisfacción de que su esfuerzo educativo ha aumentado la conciencia de la población sobre las turberas comparado con la realidad que encontraron cuando iniciaron su trabajo en el 2015.

Como información de complemento se puede revisar el episodio 5, donde Rolando Rojas nos recuerda el papel del pompón en la crisis hídrica de Chiloé. También, aunque en una dimensión diferente, en Cronista Animal nos encontramos con el concepto de rewild en el contexto de experimentos animales en el III Reich.

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