Luychumarca

AQ 15 Ingeniería e Hidráulica Prehispánica Andina con Ronald Ancajima

En esta oportunidad conversamos con el investigador y académico peruano Ronald Ancajima Ojeda, ingeniero agrícola, especialista en Planificación y Gestión de Recursos Hídricos y quien está a cargo de la elaboración de Planes de Gestión de Recursos Hídricos de Cuencas. Como académico dicta las cátedras de Hidráulica Inca y Gestión de los Sistemas de Riego y Drenaje en la Maestría de Riego y Drenaje de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Entre los años 2000 a 2005 se desempeñó como Autoridad de Cuenca y administrador de distrito de riego al norte de Lima, trabajando en la ANA – Autoridad Nacional del Agua. Actualmente lidera el equipo de la Coordinación Técnica de Cuenca Pampas que tiene por objetivo elaborar el Plan de Gestión de Recursos Hídricos en la Cuenca Pampas, que abarca las regiones de Huancavelica, Ayacucho y Apurímac.

Su interés por la ingeniería prehispánica surgió cuando visitaba este sector y vio una estructura antigua que correspondía a una vieja presa y al consultar por su origen los lugareños le responden que era obra de los “gentiles”. Para su sorpresa, se enteró después que los “gentiles” no eran otra cosa que habitantes prehispánicos del territorio y que la presa llevaba funcionando unos mil años.

Posteriormente decidió juntar estas primeras experiencias personales referidas al tema hídrico en un blog personal “Gestión Sostenible del Agua”, donde fue publicando artículos sobre esta materia, entre ellos uno que tituló “Sistemas Hidráulicos Incas”, que tuvo un impacto inmediato; de ahí descubrió que había un público interesado en estos estudios y que ese público era numeroso. Por cierto, en el enlace a esta dirección encontrarás muchísimos materiales de interés, entre ellos una Biblioteca del Agua que tiene recursos muy valiosos.

En 2013 reunió un equipo con el que construyó el sitio “Hidráulica Inca”, y últimamente imparte el curso de Hidráulica Inca en una maestría de la Universidad Nacional Agraria, combinado así su labor como docente e investigador en paralelo con su desempeño en proyectos actualmente en curso de gestión hídrica. Hay que tener presente que al hablar de hidráulica inca, Ronald aclara que no se refiere sólo a la ingeniería propiamente inca sino al conjunto de obras llevadas a cabo por los pueblos prehispánicos en un lapso de varios miles de años de antigüedad y que culminó con el imperio de los incas. A continuación nos invita a recorrer el Qhapac Ñan en su versión hídrica, el Camino Inca del Agua.

Entrando en materia y para contrastar el distinto aprovechamiento del territorio y sus recursos en tiempos antiguos y en la actualidad, Ronald nos da como ejemplo el caso de la cuenca del río Pampas, en el centro del país, que abarca tres importantes regiones – Huancavelica, Ayacucho y Apurimac – en lo que hoy se conoce como “el cinturón de pobreza”. Ocurre que en la parte sur de esta cuenca está el principal conjunto de andenes o terrazas de cultivo, típicos del sistema agrícola prehispánico. Se trata de una zona de cerros con una importante pendiente, que a simple vista no parece un terreno apropiado para el cultivo, pero donde los antiguos pobladores desarrollaron un innovador mecanismo que se basaba en construir andenes o terraplenes construidos con piedras, el material a mano más abundante disponible, sobre el cual colocaron tierra de cultivo y un sistema de riego. De esta manera una región de cerros más bien hostil para la agricultura se transformó en un terreno muy productivo, más productivo que las tierras planas de los valles. ¿Cómo fue posible este milagro de producir más cultivos a alturas de entre 2500 – 3000 metros sobre el nivel del mar? ¿Cómo esta agricultura antigua pudo sobreponerse a las adversidades de la altura, por ejemplo, a las heladas que son muy duras en esas condiciones? Ronald nos explica el secreto. La piedra, el material base usado en su construcción, absorbe el calor del sol en el día y lo libera al enfriarse en la noche, lo que de paso crea un microclima artificial sobre los cultivos, sobreponiéndose así a las inclemencias de las heladas.

El último inventario del uso del sistema de andenes o terraplenes indica un uso de cerca de medio mellón de hectáreas – algún investigador postula que podría llegar al millón de hectáreas. Este sistema sobrevive hasta hoy, si bien en la actualidad se lo ha sub empleado, tan sólo para agricultura de subsistencia.

Ronald destaca el caso del sistema hidráulico inca del poblado de Tipón, a 23 km al sureste de Cusco y a una altitud de 3560 metros, que sigue en funcionamiento después de 700 años. En Tipón se rendía culto al agua, entendida como una divinidad, y para tal fin se construyeron acueductos, andenes y canales que aprovechaban lo que en quechua se denomina paccha o pagcha, fuente de agua o salto de agua, todo en medio de un trazado arquitectónico muy hermoso y delicado.

Esta ingeniería y arquitectura para el aprovechamiento del agua permitió a las poblaciones andinas cultivar diversos productos, que Ronald nos recuerda hoy se tratan como “super alimentos”, tales como la maca, el targo, la quinoa, la papa, el maíz. Ronald nos explica que la combinación de la variedad topográfica y climática impuesta por la geografía andina derivó a su vez en una enorme oferta de productos agrícolas, con una abundante variedad de colores y sabores, lo que nos ayuda a entender el éxito actual de la gastronomía peruana. Sólo en la papa hay cientos de tipos de papas que se cultivan en esta zona andina, cultivo cuyo origen podría estar en el altiplano de Puno, cerca del lago Titicaca, plena región aymara, una de las zonas más adversas para la explotación agrícola considerando su elevación en torno a los 3500 a 3700 metros. Ronald nos cuenta que aquí se desarrolló una particular aplicación preincaica para el aprovechamiento del agua con fines agrícolas, que en lengua quechua se conocen como waru waru y en aymara como sacacollos, los camellones de la terminología productiva moderna, que algunos han redescubierto como si fuera un invento reciente (también hay ejemplos de su uso en humedales de la Araucanía costera en Chile). Se trata de disponer la tierra en montículos longitudinales separados por espacios o zanjas de tierra que se han profundizado para dar lugar a canales de agua que separan a un montículo del siguiente. El trazado es tal que no se requiere regar estos cultivos puesto que, debido a una propiedad conocida como capilaridad, el agua sube por la tierra hacia las raíces de los cultivos sin necesidad de trabajo adicional. Ronald nos explica además que aquí se reproduce el fenómeno que ya vimos antes en las estructuras de piedra de los andenes andinos: el agua absorbe el calor del sol durante el día y durante la noche lo libera generando un microclima sobe los cultivos, impidiendo así que las heladas a esas alturas arruinen las siembras. De esa manera pudieron hacer agricultura en las condiciones más adversas. La información disponible revela que los waru waru cubrieron una superficie de unas 120.000 hectáreas en los bordes hacia el lado peruano del lago Titicaca, una extensión tal que eventualmente impactó en las condiciones climáticas de ese entorno facilitando la producción y la instalación de ciudades; en el lado boliviano había otras 300.000 hectáreas. Ronald recuerda un proyecto de 1998 en el que se empleó maquinaria moderna para recuperar esas tierras y con gran esfuerzo se pudo poner en producción unas 6.000 hectáreas.

Ronald en Ñaupa Iglesia, templo inca ubicado en el Cusco, cerca del complejo arqueológico de Ollantaytambo.

El territorio habitado por estos pueblos indígenas sigue siendo hasta hoy en buena medida árido y desértico, donde las sequías han sido una característica recurrente – en el desierto de Atacama se han detectado periodos de sequía de dos siglos (ver episodio 12 del podcast). ¿Cómo enfrentaron las sequías en la antigüedad? Ronald nos presenta el caso de una comunidad en las alturas de Lima – la capital peruana se encuentra en medio de un desierto – donde la solución ancestral corresponde a lo que hoy denominamos infiltración de acuíferos, esto es, intervenir el suelo para captar las lluvias de modo que infiltren hacia las capas freáticas. En cotas superiores a los 3.000 metros y hasta los 4000 metros trazaron canales a lo largo de la montaña para recoger el agua en temporadas de lluvias; esa agua se dirigía hacia unas estructuras que no tenían el propósito de acumular el agua sino de filtrarla hacia el subsuelo, porque descubrieron que esa misma agua afloraba nuevamente a la superficie meses después más abajo en la montaña y en las zonas bajas, en la forma de puquiales o manantiales (para algunos expertos paccha es el agua que aflora desde infiltraciones en la montaña, mientras que puquial es el agua que aflora desde fuentes subterráneas). En suma, siembra y cosecha de agua para decirlo en el lenguaje moderno de soluciones basadas en la naturaleza, pero anticipadas aquí con miles de años de antigüedad a partir de la observación de la naturaleza: “entendieron que hay que detener el agua en las alturas, hay que infiltrarla” – nos dice Ronald (hay un estudio del Imperial College London sobre un sistema de este tipo en Huamantanga, Perú). Además, se aprovecharon las lagunas altiplánicas para convertirlas en reservorios de agua, con diques hechos en piedra, las presas que se pueden ver hasta hoy. Ronald contrasta la estrategia actual de construcción de grandes presas en los ejes de los ríos, ejemplificándolo en la presa más grande del país, la de Gallito Ciego, con una capacidad de 1.000 millones de m3, pero que como está en el eje del rio se ha colmatado, disminuyendo drásticamente su capacidad real. Por el contrario, los antiguos construían presas más pequeñas (1 a 2 millones de m3) en las zonas altas repartidas por el territorio, lo que hacía más fácil liberar el agua de manera focalizada allí donde se necesitaba. Para Ronald una estrategia así, basada en la construcción de varias presas alto andinas, debería ser el paso siguiente que sustituya la de presas construidas en el lecho de los ríos. En las partes bajas, en los puquiales donde se recogía el agua que se infiltraba de las montañas, también hay desarrollos notables, como “los acueductos de Nazca”, la famosa zona arqueológica, donde se distribuía el agua mediante canales subterráneos que, hasta hoy, 800 años después, siguen en funciones, lo cual revela una ingeniería de alta precisión para asegurar el correcto flujo del agua. Tan bueno fue su trabajo que con caudales muy bajos – de 16 a 25 litros – pudieron sostener la cultura Nazca.

Dato interesante es que diversos aspectos de estos desarrollos tecnológicos y productivos se pueden observar en el monolito de Saywite o Sayhuite, donde están tallados los waru waru, los reservorios, los andenes, las presas alto andinas, por lo que Ronald nos dice pudo haber sido un lugar de formación para los ingenieros andinos del pasado. En 2011 en Ayacucho se descubrió una maqueta de unos 20×30 metros donde están tallados los sistemas de andenes, así como los sistemas de almacenamiento y distribución de agua. Se trata de una de varias maquetas que dan cuenta de un proceso de planificación y posiblemente también de entrenamiento del personal que estaba a cargo de estas funciones para el aprovechamiento del agua con fines productivos, litúrgicos y de abastecimiento humano. La zona de Ayacucho tuvo vastas instalaciones de este tipo y de seguro gozó de una alta producción agrícola, mientras que hoy en día conforma parte de las zonas de pobreza del Perú.

Un último ejemplo de la capacidad de estos pueblos prehispánicos para el manejo del agua está en Rumiqolqa o Rumicolca, pequeño poblado de la región de Cusco, próximo a Tipón, que a primera vista parece una sección de murallones de gran altura, pero que en realidad corresponde a un acueducto de unos 200 metros de extensión, de imponente diseño y que se conserva en excelentes condiciones.

Este apretado resumen nos da una idea panorámica de la enorme riqueza cultural, productiva e ingenieril asociada al tratamiento del agua por parte de los pueblos prehispánicos andinos y que culminó en el periodo del imperio inca.

Foto principal: maqueta inca de Luychumarka, en la región de Ayacucho, zona central del Perú; maqueta de 20×30 metros donde están tallados los sistemas de andenes y de almacenamiento a nivel de alturas y de sistemas de distribución.

Ronald Ancajima Ojeda

Para contactar con Ronald Ancajima: ronaldancajima@gmail.com

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3 comentarios en “AQ 15 Ingeniería e Hidráulica Prehispánica Andina con Ronald Ancajima”

  1. Gracias David por compartir este podcast de la Hidráulica Inca, sabiduría ancestral en el uso del agua que hicieron nuestros antepasados en esta parte del mundo. Un resumen excelente el que has realizado y que dice mucho de la seriedad con la cual enfocan su trabajo.

    1. Muy agradecido a ti Ronald por la generosidad con la que compartes con nosotros tu conocimiento y experiencia en estas materias que además son de tanto interés en la coyuntura actual para nuestros países.

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